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Nadia, estudiante

¡Hola! Soy Nadia Islas, una mexicana viviendo en España. Vine aquí para hacer un máster. 

Mi nueva normalidad incluye ejercicio, lecturas, clases online, redes sociales, aplausos y, sobre todo: pensar.

En estos nuevos días, dictados por un virus que ha costado la vida de muchas personas en diferentes ciudades alrededor del mundo, mi nueva normalidad se desarrolla dentro de mi piso/departamento en la ciudad de Pamplona.

Para mí, hoy es el día 48 de aislamiento social. En este tiempo he tratado de dosificar correctamente mis salidas de casa para ir al supermercado, a la farmacia y o a dejar la basura. Puedo decir que he estado fuera en 9 ocasiones, de las cuales la mayoría han sido solo a los contenedores frente a mi edificio. 

Antes, mi piso/departamento, solo era un espacio en el que dormía y resguardaba mis cosas, mi vida transcurría en el afuera. Este cambio radical ha supuesto mucha carga emocional para mí. Mi espacio de trabajo estaba dentro de la Biblioteca Central de la Universidad, donde tenía una lista larga de libros a mi alcance, la máquina de café a dos pisos de distancia por las escaleras o el elevador y a un mensaje de encontrarme con mis amigos. Ahora todo es distinto. Ni biblioteca, ni libros, ni máquina de café, ni amigos en la inmediatez. 

Esta situación extraordinaria, de los tiempos modernos, ha roto con muchos planes, con muchos viajes, con ver a mis padres, a mis mejores amigos. Ahora no podemos hacer eso, no podemos viajar, no nos podemos abrazar. Eso es algo muy fuerte para mí.

En México, yo saludo (saludaba) a mis amigos con un beso en la mejilla y un abrazo. Ese abrazo es más corto o largo, dependiendo de la cercanía o entusiasmo con el que saludas al otro. Desde que estoy aquí, no he podido hacerlo, no he podido abrazar. Soñaba con regresar a mi país para hacerlo, ahora, no sé si eso será posible, por lo menos no en los meses venideros. De verdad añoro esos gestos de amor chiquitos de la vida cotidiana. 

He construido un espacio en casa para poder trabajar, ahí, la verdad es que la mayoría del tiempo me la paso pensando, en qué está pasando, en qué voy a hacer, en qué le espera a mi país, a mi familia, a mí. Pienso en qué haremos para mejorar, para superar esto, para avanzar a un lugar más incluyente, más abierto, pero, sobre todo, más consciente.

Pienso que cada día más, es un día menos para salir de esto, también para regresar a mi ciudad. Anhelo eso con el alma. La espera ha sido larga y difícil. 

Me preocupan las ruinas que esto deje a su paso, en las personas, en el mundo. Me preocupa, sobre todo, que no nos permitan transformarnos desde ellas. A veces, un rayo de esperanza me ilumina y me hace pensar que también el fin de una etapa, puede traducirse, como el inicio de una nueva. Espero que así sea. Espero que nos encarguemos de eso. Todos. 

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