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Trabajador/a

Mercedes, cajera

Hola, soy Mercedes Torres. Tengo 48 años y trabajo en una gasolinera con tienda y lavaderos. Vivo en un piso con mi marido y mis dos hijos.

Mi día en este estado de alarma es ir a trabajar, puesto que somos un servicio esencial. No tenemos apenas trabajo, pero tenemos que tener la gasolinera abierta para dar servicio.

Voy a casa de mis padres, que son mayores y de alto riesgo, entonces no pueden salir, y cubro sus necesidades de compras, medicamentos y paso algún ratillo con ellos. Después llego a mi casa, veo a mis hijos y me aseo, descanso un poquito, llega mi marido y empezamos con las cenas.

Mi horario ha cambiado, puesto que el negocio estaba compuesto por seis personas y ahora solo estamos trabajando dos, no entran ingresos y sí tenemos muchos gastos.

Mi compañera y yo estamos haciendo grandes esfuerzos para poder llevar el negocio. Pues la gasolinera no cierra ningún día. Nos sentimos muy cansadas y emocionalmente algo hundidas. Vemos que nuestro esfuerzo económicamente no se va a ver compensado en el negocio. Además, no se nos reconoce ese esfuerzo y la exposición al contagio de la enfermedad.

No tengo casi vida familiar y siento preocupación por no poder dedicar tiempo y ganas a estar ahí cuando me necesitan. También siento tristeza, por tantas personas que se está  llevando esta epidemia  y de la manera tan fría y triste.

Me preocupa el mañana de mis hijos especialmente. Esta situación deja la economía del país por los suelos, caer ha sido rápido, remontar será duro y lo hará el que pueda. También me preocupa la salud de los míos porque esta situación puede tocar y dejar huella a cualquiera.

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