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Ivet, estudiante

Hola, soy Ivet:

Actualmente vivo con mis padres y mi hermana, aunque hace menos de dos meses vivía con mis compañeras de piso.

Estudio en la universidad, tengo TDAH y el mes que viene comienzo los exámenes. Además, practico un deporte de equipo y unión, el RUGBY. 

En estos momentos os preguntareis qué hacíamos en casa tantas horas, sin moverse. Pues bien, esto es lo que yo hago:

Me levantado y lo primero que hago es mirar mi correo electrónico para ver qué trabajos nuevos me han mandado de la universidad y, seguidamente, miro mi agenda para ver qué me toca hacer hoy.

A las 10, clase de salud por videollamada, a las 12, otra videollamada para dar sociología y después, a la una del mediodía, levántate a hacer la comida.

Continuo con una pequeña siesta, pero ¡despierta! que a las 4 y 30 has quedado para hacer una nueva videollamada con tus compañeras de clase ¡LOS TRABAJOS NO SE HACEN SOLOS!

A las 6 empiezan a llegar WhatsApps del grupo de rugby, “¿A que hora era hoy el entreno?”, “¿Por donde nos conectamos? Zoom, Skype, Jitsi…” Así que toca prepararse para sudar en casa, ponerte la pantaloneta y la camiseta de juego, para sentirte que aunque estemos lejos sigue habiendo algo que nos hace seguir unidas.

A las 8 ir corriendo a la ventana que más cerca tengo y empezar a aplaudir y silbar como si de un concierto se tratase, y tras unos minutos oír a tu vecino de enfrente que pone LA CANCIÓN (Sobreviviré de Mónica Naranjo).

Ducharte, cenar y ver una peli o, quien sabe, igual tus amigas te sorprenden con una videollamada.

Este día tan largo parece que llega a su fin, pero no es así, porque mañana será el mismo día. Pareces vivir en el día de la marmota. 

Los días van pasando y cada vez me siento más sola, aunque este rodeada de tres personas todo el día. Mi familia me aguanta cada vez menos: “Estate quieta”, “Por favor, solo queremos un minuto de silencio”, “Como tengas que hacer esos ejercicios me rompes la casa”….

Cada día me duele más la cabeza y cada vez me comunico menos con mi familia. Necesito volver a mi vida, volver a quedar con mis amigas en la terraza del bar, salir al monte y oler ese aroma, entrar en ese vestuario que huele a réflex y ver a cada una de mis compañeras, ir a la universidad y quejarme de lo pesado que es el profesor, ¡NECESITO MI ESPACIO! Necesito una válvula de escape. 

Y la verdad que esto parece no terminar. No poder ver a mis amigas, ni visitar a mi abuela por miedo a contagiarla. No poder ir a por el pan y juntarte con la vecina del quinto y quedarte hablando con ella. No poder salir a la calle sin miedo a que te contagies y que en tu mente cada vez que piensas en la situación actual te acuerdes de tu amiga, con la que ibas al cole y jugabas a baloncesto, y que ahora no puede ver a su padre, que esta luchando entre la vida y la muerte.

Tengo miedo de que las cosas no vuelvan a la normalidad, tengo miedo de no volver a ser la misma. 

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